Desde su creación por Bert Hellinger, las constelaciones familiares se han convertido en una práctica que ha generado opiniones divididas pero sigue ganando adeptos por su enfoque respetuoso y amoroso en el proceso de sanación. Si bien, para la psicología el proceso de sanación depende de cada persona, las constelaciones familiares se presentan como una alternativa para recorrer este camino.
Esta técnica sistémica permite identificar y resolver desórdenes en los sistemas familiares que afectan nuestra vida diaria. Es fundamental elegir cuidadosamente a los facilitadores para garantizar una experiencia segura y beneficiosa.
¿Cómo utilizar las constelaciones familiares como proceso de sanación?
Desde que nacemos, formamos parte de sistemas vinculares como familia, amigos y compañeros de trabajo. Cada sistema tiene órdenes y leyes importantes para su óptimo funcionamiento. Cuando estos órdenes no se respetan, se generan conflictos que pueden pasar de generación en generación.
Las constelaciones familiares muestran, a través de una imagen, dónde están los desórdenes en los sistemas. El facilitador, entrenado para leer el campo fenomenológico, interviene para restablecer el orden. Este movimiento sistémico impacta a todos los miembros del sistema, expandiendo la sanación de manera integral.
En las constelaciones familiares se trabaja desde el amor, el respeto y el no juicio. Darle a cada elemento su lugar dentro del sistema es sanador en sí mismo. Sanar implica rastrear los orígenes de las heridas y conflictos, permitiendo cortar con la cadena de repetición.
¿Cómo elegir un facilitador de constelaciones familiares?
Aunque las constelaciones familiares no se consideran una terapia científica, muchos encuentran beneficios en esta práctica. Es crucial elegir cuidadosamente a los facilitadores para que el proceso sea responsable y seguro. La integridad de las personas que participan en esta práctica debe ser siempre prioritaria.
Las constelaciones familiares ofrecen una perspectiva única para abordar y resolver conflictos que se arrastran a lo largo de generaciones dentro de un sistema familiar. A través de un enfoque respetuoso y amoroso, esta práctica busca restablecer el orden natural de las relaciones, permitiendo a los individuos liberarse de cargas emocionales y energéticas heredadas.